Soy Poli. Escribo para no perderme.
El mundo se empeñó en llamarme Poli.
Y hay algo que aprendí en estos 40 años escribiendo:
La vida se aclara cuando te escribís sin filtro.
No cuando te explican qué hacer.
Acompaño a personas que piensan demasiado, sienten mucho y viven con un ruido interno que no les permite aflojar el rum rum para escucharse.
No soy psicóloga, no doy diagnósticos, no te digo «lo que tendrías que hacer».
Mi trabajo es otro:
ayudarte a que te sueltes y te animes a ser más vos. Acompañarte a que te mires y te sientas libre para ver qué hay en tus palabras.
¿Por qué la escritura?
Porque es el único lugar donde no hay espacio para actuar.
No seducimos.
No exageramos.
No disfrazamos.
En el papel aparece la verdad que la mente esconde.
Y cuando la ves, aunque duela un poquito, algo se afloja.
Mucho se ordena.
Aparece algo que todos ansiamos para tomar decisiones:
claridad.
La escritura es mi manera de mirarme, de serme sincera y volver a mí cuando la vida se pone difícil.
Es un lugar sagrado en donde nadie mete narices y descubro los logros, avances, retrocesos y decisiones que he tomado y voy ordenando cuando pasa el tiempo.
No fue ni es un hobby. Ha sido siempre supervivencia emocional.
Hoy es mi herramienta para acompañar a otros.
¿Qué hago exactamente?
Creo espacios íntimos donde podés:
escucharte sin interrupciones
vaciar tu cabeza sin culpa
ordenar lo que sentís sin que nadie te juzgue
encontrar palabras para lo que te pasa
descubrir decisiones que ya estaban ahí, esperando
No enseño a «escribir bien».
No corrijo textos.
No enseño técnica.
Te muestro cómo escucharte con una honestidad que no se negocia.
¿Por qué yo?
Llevo 40 años escribiendo para conocerme.
Cambiando de países, reconstruyéndome desde el barro, leyendo mucho más de lo que hablo. La escritura libre me dio un espejo cuando no había nadie que me lo sostuviera.
Hoy te lo ofrezco a vos.
Quizá no necesitás más teoría ni recetas.
Necesitás escucharte.
Pero todavía no sabés cómo.
Ese cómo es lo que yo te acompaño a construir.
Para que empieces en casa, tengo mi guía gratuita.
Es simple, directa y sin humo.
Y atento, atenta y atenti…
porque vas a encontrarte sin anestesia.
Con humor.
Con calma.
Con verdad.
Y, por fin… con vos.