Difícil, lo sé.
Sigo aprendiendo a escucharme y por eso te traigo algunas recetas que de mágicas no tienen nada.
Cuando me veo en estos «trotes», intento frenar conmigo misma.
Intento hacerme presente para ver hasta dónde estoy consciente o no en cada situación y circunstancia.
Como la vida es puro aprendizaje, me voy a equivocar más de una vez (¡y vaya si lo hago!).
Lo que hago es prestar atención en momentos precisos y tomar consciencia de las consecuencias.
Ejemplos:
- Reunión social: todos comiendo. Si me observo, puedo prestar atención a cómo me comporto comiendo, cuándo dejo de comer o por qué sigo si ya me siento saciada. Tal vez, estoy pasando por un momento de ansiedad, o llevo horas sin haber comido o me encanta lo que me ofrecen. Aun así, ¿puedo decirme basta, para ya?
- Diálogos: cara a cara, encuentros, reuniones, etc. ¿Estoy hablando yo más que los demás? ¿Interrumpo cada vez que otro empieza a contar algo? ¿Estoy prestando atención a cómo se sienten los demás? ¿Hablo más de lo que escucho?
A veces, lo recuerdo. Otras, me olvido y derrapo.
No soy muda, ni tímida ni reservada. Me gusta escuchar. A todos nos gusta hablar de nosotros mismos, es la naturaleza humana. Pero aprender a callar la boca y escuchar a otros es un arte.
Cuando me veo hablando demasiado o interrumpiendo, siento la parte sabia de mi ser aullando: para ya, cansina, deja hablar a los demás.
- El cuerpo avisa: ¿cuándo es momento de frenar? ¿Cuál es el límite para el ejercicio físico? ¿En dónde estoy a punto de una lesión? ¿Cuándo necesito descanso y menos actividad? ¿Cuándo necesito moverme más que descansar? ¿Puedo atender a las miles de señales que me manda a diario?
Bueno, receta infalible. Stop al pase de rosca, al inevitable ritmo automático en el que nos vemos sumergidos cuando sentimos que no damos para más.
Ejemplos hay miles y cada uno tendrá el suyo en su memoria.
¿Cómo puedo ser más moderada?
- Deja de comer antes de llenarme por completo.
- Callarme para escuchar a los demás.
- No seguir entrenando si siento que estoy en mi límite.
¿Y para qué haría esto?
Porque estos pequeños detalles sirven de entrenamiento. Luego queremos aprender a decir basta o no a los demás.
Nos olvidamos de empezar por nosotros mismos. Si no puedo conmigo misma y no sé ponerme mis límites, ¿cómo los voy a gestionar hacia afuera?
Si no me hago caso y no respeto mis palabras, si paso por alto mi saciedad, mi respeto a los otros o llevo a mi cuerpo más allá de lo que hoy puede (quizá mañana se sienta mejor y pueda más, seguro que sí), ¿qué pueden esperar los otros de mí? ¿Qué puedo entregar de bueno si no lo practico conmigo misma?
Es puro entrenamiento.
Paso a paso.
Día a día.
Frenar antes de la curva puede que me impida estamparme cuando me pase de velocidad permitida.
En los excesos, siempre he pagado las consecuencias.
Por excesos me refiero a cualquier área de la vida en donde no supe decirme basta / stop / para ya:
- Relaciones
- Amor y amistad
- Alimentación
- Ejercicio físico
- Estudios
- Vicios
- Trabajo
- Etcéteras
En la tarta de tu vida, en todas las áreas, pregúntate si te estás pasando 25 pueblos.
No te prometas lo que no puedas cumplir, pero hazte esta consulta:
Esto es lo que quiero hacer ahora. Bien.
¿Cómo me sentiré después de hacerlo?
¿Qué consecuencias me traerá si sigo adelante?
Cuando tomamos decisiones más importantes que coger ese pedacito de pastel en el cumpleaños, estas preguntas se vuelven cruciales.
Actuamos sin pensar en las consecuencias.
Y nadie puede escapar de ello.
Cuando me mudo de ciudades y países, cuando cambio de trabajos, cuando modifico algo en algún área de mi vida, pago las consecuencias.
Créeme que es muy rentable al alma y a la mente saberlo de antemano.
Esto pasará y no lo puedo esquivar, porque tengo que pagar un precio.
Esto sucederá y tendré que hacerme responsable porque dejaré de tenerlo, u obtendré otras cosas a cambio.
Esto que no quiero es parte de lo que elijo y viene en el combo como consecuencia de mi decisión.
En vez de mirar qué hacen otros, veo cuáles son las consecuencias en mí y para mí, y a partir de ahí, el basta se torna parte del entrenamiento y se vuelve un aliado.
A veces, no alcanza una vez. Se necesitan varias para lograr carrera o aumentar el músculo del autocontrol.
Una de esas formas de verlo claro y de entrenar el NO, el BASTA, el PARA YA, el STOP necesario es escribirlo.
En listas. En oraciones. En columnas. Con o sin renglones.
En cada decisión. Ante las posibles consecuencias, lo que buscamos es CLARIDAD.
No, no vas a escribir en el medio de una reunión social para callar tu boca y dejar hablar al resto.
Como consecuencia de mirarte escribiendo, comenzarás a hacerlo espontáneamente, porque tu ego baja unos 5 cambios y ya no tiene necesidad de llamar la atención. Simplemente, se comparte en el espacio permitido.
¿Cómo te sientes hoy?
¿Qué te dice tu cuerpo hoy?
¿Qué has aprendido de otros hoy solo por escuchar?
¿A qué has dicho BASTA en estos últimos días?
Escribe estas preguntas.
Entrena.
Que tengas un día lleno de aprendizajes.


