Los 9 aprendizajes más importantes de 3 décadas

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Escribo desde lo que conozco y sé, y aunque no todos pasamos por las mismas circunstancias y vivencias, puede que mi propia experiencia aporte a alguien que se toma el tiempo de leer.

 

Esto es lo que he aprendido en las últimas tres décadas mientras fracasaba cada tanto y aprendía. Todo lo que hice y que me llevó a querer salir de allí.

Experiencia personal.

(He coincidido con mucha gente, por eso hablaré en plural).

 

 

1 – Rodearnos de gente «incorrecta»

 

La palabra incorrecta me hace ruido. No somos incorrectos. Nadie es incorrecto en la vida de nadie. Todos estamos para pasar, dejar algo, tomar y vernos reflejados.

Sin embargo, en nuestros procesos no siempre observamos que somos el resultado de nuestros entornos. No nos damos cuenta, hasta que nos cae un ladrillo en la cabeza.

Seguí siendo parte, amando y recibiendo, pero comprendí que si uno va hacia la derecha y el resto hacia la izquierda (o viceversa), estaría más sola que Tom Hanks sin Wilson. Allí estuvo el dolor. Al darme cuenta. ¿Qué debía hacer?

Elegir.

No había nadie incorrecto, ni yo lo he sido en la vida de nadie.

Se trata del interés o no en pertenecer a una tribu. A mí no me interesaba ser parte de la manada. Ya lo había hecho al crecer, ahora me tenía que reestructurar. Si yo no ponía mi parte, la vida no me daría de vuelta.

Si seguía allí, eventualmente, no recordaría ni quién quería ser ni hacia dónde deseaba ir.

De a poco, bajando por escrito lo que observaba en mí, y sabiendo que lo que queda escrito sucede, salieron personas y entraron otras. Yo también salí y me quedé sola.

Lo que llegó luego fue una avalancha de buena energía y gratitud, a pesar del dolor que causa ver marchar a otros.

Aprendí a soltar y el desapegarme a los golpes, pero con decisión. No me pasó, yo lo decidí por mí, para aprender de quienes más saben y rodearme de gente acorde a quien soy hoy. O ayer, o hace años cuando comencé con el proceso de no distraerme.

Eso es.

No te distraigas.

 

2 – El fracaso es un asco. Lo que viene luego es delicioso

 

Continué cometiendo los mismos errores una y otra vez sin hacerme responsable de mi parte. Con ahínco me volvía a meter en los mismos lugares, a escuchar las mismas estupideces, a responder a las mismas exigencias ajenas.

Entonces y obviamente, la culpa de mis elecciones personales podían ser de mi familia, de mis amigos, del gobierno de turno o del anterior, de los jefes, de los compañeros de trabajo, de la situación pasada, actual y futura, de la suba o baja de los valores en la bolsa o de la muerte de quienes amaba.

No lo verbalizaba ni gritaba, pero lo pensaba. Tenía el mismo pensamiento que la manada. Vuelvo al punto 1: me di cuenta que pensaba y hablaba como el resto, hasta que empecé a soltarme.

Y allí, de a poco, me hice responsable. Todavía recuerdo cuando otros pagaron el precio de mis elecciones y aunque me he perdonado, siento la vergüenza.

Lo que observo es que al resto no les da ni pizca de vergüenza mientras que yo me pongo morada con el recuerdo. Pero sé que es cuestión de consciencia.

Que cada acción y palabra en tu vida esté dedicada a justificar tu no-acción o decisión sin culpar a los demás.

Si te quedas en la otra zona, estarás siempre a la deriva esperando que el resto te salve. Esto incluye a los que amas.

Fracasar es un asco, a todos nos jode. Lo que viene después, cuando te haces consciente de que eres el único responsable de todo lo que generas y te pasa, wow… llega la magia.

El poder personal de saberse protagonista es un galardón que no todos están dispuestos a llevar encima.

 

3 – Si no nos enteramos qué queremos, no podemos perseguir sueños o deseos, menos sin mover el culo para que sucedan. Nadie nos tocará la puerta para cambiar nuestra realidad

 

Cierra fuerte los ojos y sueña. Ok. Los escribes y crees en ellos. Ok.

Ahora, si eliges uno, dos o tres de ellos, vas a tener que desapegarte de otras áreas, personas y movimientos para que estos sucedan. Porque si no sumas técnicas, herramientas, estrategias y no tienes un mínimo plan, pues no te llegarán.

Mi vida está ciento por ciento alineada a quién soy y a vivir acorde a mi identidad. ¿Si cambio de opinión? ¿Cuál sería el problema? ¿En dónde tengo que firmar?

No doy explicaciones de por qué viajo, cambio de países o me mudo cuando mi intuición o mi hartazgo me avisan. Esto es parte de lo que voy consiguiendo y está en total concordancia con lo que experimento como parte de mis sueños y anhelos. Escribir y viajar van de la mano, en mi caso y en mis decisiones. No es condición para todos ni tiene por qué serlo.

Para mí, es crucial.

Si solo cierras los ojos, escribes y no haces nada, cuando los abras verás tu misma vida de siempre. Nunca nada cambia si no movemos energía, tiempo, dinero, inversión en nuestro compromiso.

No le pidas a la vida lo que no estás dispuesto a dar(te) a cambio.

Quiero perder 10 kilos, pero también quiero comer helados y hamburguesas.

No le pidas a la vida lo que no estás dispuesto a dar(te) a cambio.

 

Cumplir ciertos sueños requiere de mucho error, hambre, sueño, soledad y vivencias extrañas. A los que veas ya generando y siendo exitosos, en vez de criticarlos, mira lo que han hecho para llegar a ser quienes son.

Se cagaron de hambre, de sueño, vivieron la soledad y lo que ves hoy es el fruto de lo que han cosechado.

Si no tienes sueños ni anhelos ni nada te mueve, si no tienes un propósito y te levantas solo para trabajar como un día más esperando tu ansiado fin de semana, no molestes jamás a quienes sí sueñan, se mueven, hacen, se equivocan y vuelven a empezar.

No lo entenderías ni leyendo a Tony Robbins.

 

4 – El uso y los abusos no son bienvenidos

 

Necesidad  imperiosa de atención. Todos queremos sentirnos importantes, necesitamos validación. Queremos que se nos reconozca y se nos apoye sea cual sea la circunstancia. Humano y real. ¿Quién no ha estado allí?

Ahora, pedirlo a gritos, empujones y con una sutileza-no-sutil agota.

Las redes sociales, el teléfono, las pantallas han explotado esta necesidad básica del ser humano a su máxima expresión.

Para algunos, es agotador sostener egos ajenos (yo entre ellos).

Me cansé también de hacer sostener el mío a los demás. Cuando recuerdo en dónde estuve, sonrío pero también las mejillas se me encienden.

Nada malo, procesos humanos. Solo pregúntate hasta cuándo. De quién buscas eso, para qué y qué energía usas para ello.

Tal vez podemos ocupar el tiempo para aprender que, en definitiva, no importas tanto y solo importa lo que te importa a ti. Y una vez lo sabes, ayudas a los demás desde ese lugar. (Socórrete primero. Luego ve a por el resto).

Si no tuviéramos teléfonos, no nos enteraríamos a quién se le ha muerto el canario, dónde pasa sus vacaciones o si ha cambiado de trabajo. Porque eso no es comunicación efectiva ni afectiva. Son notificaciones al aire. «A ver quién me ve y me aplaude o se apiada de lo que estoy viviendo».

Aprendí que quien realmente quiere hacerme partícipe, me contará en privado. A mí. (No en un grupo ni porque me entero al pasar). Y quien no, es por algo. No tengo por qué meterme donde no me llaman. Y esta misma regla la aplico en viceversa. No me ofende lo opuesto. Si yo tampoco pido que me sostengan el ego y mis tiempos, no pretendo lo que no doy. Mi energía y foco están en el momento presente y con los recursos de los cuales dispongo.

Mi tiempo.

Me vale más que el dinero y que cualquier otro elemento preciado.

El tiempo…

¡Qué valioso es el tiempo!

 

5 – Las mentiras tienen patas más cortas que las mías

 

Si logras que una mentira no salga a la luz (suerte la tuya), repite el método una y otra vez.  No digas jamás cómo te sientes, qué te ha pasado y por qué has llegado hasta allí. Miéntele a tus jefes, compañeros de trabajo, hermanos y padres, parejas, metayponga o lo que sea que se te acerque. Miéntele al panadero, al chofer y a los contactos que tienes en tu teléfono.

Verás.

Algún día, tal vez antes de morir, nos damos cuenta de que no toda la gente es estúpida. Aunque no te digan nada para no exponerte, para no herirte y hacerte quedar como un boludo o como una gili —porque te aman—, te seguirán la corriente aunque se estén dando cuenta.

Cuando desaparezcan o te expongan públicamente (algunos lo hacen), jódete.  No molestes más. Esos son valientes.

Esto lo aprendí conmigo y con otros. Es altamente rentable sentir la verdad, pensar la verdad y decir la verdad. Luego leí, escuché y comprendí a Isra Bravo y confirmó mi teoría: sirve para todo en la vida.

Es muy rentable.

 

6 – Quedarse con ideas añejas, obsoletas

 

Quedarme en lo de siempre. No exponerme, no escuchar otras experiencias de vida, no abrirme al sufrimiento de gente que no ha crecido como yo, no abrirme a los que más saben.

Era más mucho menos jodido exponerme al estar hablando de lo mismo, con la misma gente y en la comodidad que supone el encierro. Quedarme con el pijama a rayas y no sorprenderme con nada ni de nadie.

Luego, cuando el mundo se abre (y esto se puede vivir solo con la lectura), la claridad de la luz asusta, asombra y engrandece.

No fue por error. Fue parte del proceso. Y fue parte del empujón que me llevó a procurar moverme entre gente interesante: experiencias de vida que yo no llegaré a vivir, que no he atravesado. Lugares y opciones que me llevaron a la miseria más grande que puede vivir el ser humano. Y luego lo opuesto: ¿qué hay en las conversaciones entre el lujo y el éxito? ¿Qué se cuece allí que yo no me estaba enterando?

Hace muchos años la mediocridad me espanta. Y cuando me veo en ella, en vez de sentirme una miserable, siento como si me pegaran una patada en la espalda, bien dolorosa.

Poli, muévete de aquí. Poli, sal de aquí. Poli, ¿qué estás haciendo mal? Poli, por el amor de Zeus, ¿otra vez en estos pagos?

Que sea solo de visita, mi amor, solo de visita.

 

7 – No perdonar. Aguantar el resentimiento

 

Ahora que lo veo a tanta distancia, observo a quien no perdona y me recuerdo.

Funciona así.

«Si es durante años, mejor. Si puedes recordar lo que hizo tal o cual compañero del colegio, el tío Pepe cuando tenías 5 años, mejor. Si no utilizas absolutamente nada para salir del perdón y de eso que te hizo tanto daño, excelente. Guarda todo allí adentro. Dejalo madurar, que hierva de a poquito.

Siempre habrá oportunidad de que se lo encajes a tu próxima pareja, grupo de amigos o mejor aún: a alguien que estuvo allí y lo vio o fue testigo para que te dé la palmada en el hombro y te diga lo bien que haces al no perdonar y pasar página. Hiérete mucho. Hiérete bien. Aguanta todo eso adentro, que tus órganos valen dos céntimos y lo que te fue dado algún día estará en un cajón o será cenizas. Vamos que tú puedes».

 

(Hay gente más blandita para decir lo mismo. Pues escucha a esa gente si te viene mejor. A mí me ayudaron quienes me hicieron ver lo que yo no quería o podía ver. Y ahora puedo oler a kilómetros quien tiene ese solo problema y no hay más. Pero no lo ven por estar rodeados de gente «blanda». Por eso, tú elige lo que mejor te venga, pero no culpes a otros de tu falta de perdón. Sigue buscando formas, herramientas, pero no te mates). 

 

Cuando decidí salir del no-perdón, me escribí esto cada mañana. Más o menos esas palabras. Vamos, Poli, que vas joya recordando estupideces. Venga que los otros ni se enteran. El caldo de cultivo en tu cuerpo es todo tuyo. ¿A quién vas a culpar después? ¿A los médicos? ¿A tus antepasados?

Resultó. Al punto de comprender en profundidad que el perdón es amor propio, no amor a otros. Y que una cosa es el perdón, y otra es volver a caer en las mismas garras.

No os debo nada. No me debéis nada.

Libertad absoluta.

Paz.

 

8 – Volverse (o quedarse siendo) víctima

 

Al mundo le muestras a tus hijos, a tus preciados niños, no les muestras tus dolores de parto.  Seguramente es que tú eres un elegido de la vida para pasar por ciertas situaciones que los demás no viven, que nunca han vivido ni vivirán.

Si la vida es una secuencia constante de subidas y bajadas, ¿quién me mintió, me engaño y me dijo que no lo era? ¿Quién me contó el verso de que nunca nadie me iba a patear el culo o que iba a obtener siempre lo que yo quisiera, como yo quisiera y en el momento exacto en que yo quisiera?

Conocí la verdad. La vida no te dice no, sino espera. La vida no te dice no, sino esto no es para ti. La vida no te dice para siempre, sino tienes que vivirlo y se irá.

Suelta y deja de pedir lo que no te ha sido dado. Encuéntrale tú el para qué. No hagas pataletas, suelta el biberón de una vez, corta el cordón umbilical, no exijas porque no tienes corona. Yo no lo entendí hasta que me golpearon la nuca y me retorcieron otro tipo de voces.

Ya naciste con una corona que no ves y no la usas, ¿para qué quieres otra? Si no te sirven mis palabras, mira los ejemplos que te ha puesto en la historia de la humanidad. Todavía los tienes a tu alrededor. Y tú sigues y sigues pidiendo, exigiendo, rogando, mendigando. No es lo mismo orar y creer que mendigar. No nos confundamos, que nos han ensañdo mal cómo funciona el dar y el recibir. 

 

9 – Planear tu muerte

 

Una vez que me voy, me voy para siempre.

¿A ver si sigues quejándote y mirando problemas en vez de soluciones?

Planéalo. Tenlo claro y observa tus tremendas ganas de vivir. No las miras, como no lo hice yo, por estar pensando solo en la vida.

Si te haces consciente de que vas a morir (esta noche, mañana, la semana próxima, dentro de 20 años, ¿quién sabe?) estarías más ocupad@ en encontrarle la vuelta a todo y en aceptar que la cosa (lo que tienes delante) es como es.

¿Necesitas ayuda? Pídela. Búscala. Hazte vulnerable y confía en quien ha pasado por lo mismo.

No me imagino mi vida sin visión. Mis ojos son lo que agradezco a diario.

¿Y?

Que si perdiera la vista, lo primero que haría sería pedir ayuda. No habría manera de seguir adelante sin auxilio. Si no son tus ojos, ¿qué es lo peor que te podría pasar? ¿Qué harías? ¿Pides ayuda, te haces bicho bolita y te reconoces en el dolor para que salir adelante?

Con lujo de detalles, verás que —si no tienes una enfermedad mental-emocional que te impida ver los detalles— en realidad lo que sientes es unas tremendas ganas de vivir.

Pero quieres vivir sin esa enfermedad. Sin esa ceguera. Sin ese gobierno. Sin ese hijo que te trae dolores de cabeza. Sin esa pareja. Sin esa escasez. Sin la soledad. Sin la muerte.

Quieres vivir, pero no aceptas que vas a morir.

Hazme caso. (O no). Planea tu muerte. Y aceptarás la vida.

 

 

Que tengas un día lleno de aprendizajes.

 


 

 

 

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2 comentarios en “Los 9 aprendizajes más importantes de 3 décadas”

    1. Muchas gracias, Alejandra.
      Yo aprendo de quienes leo y me formo y eso intento transmitir,
      siempre desde mi experiencia o de la gente con la que convivo a diario.

      Un fuerte abrazo virtual.

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Me dicen Poli

Esa es mi yo original.

Escribiendo y empapada en el río que me vio nacer. 

Escribo hace más de 3 décadas para encontrarme cuando me pierdo y para perderme más seguido sin miedo.

No para agradar ni para recibir aplausos.

Hace 5 años acompaño a otros a vomitar el alma, lo mismo que hago yo a diario, como en esa foto, donde sea que me encuentre.

 

👈 A la izquierda de esta pantalla verás artículos y reflexiones. (Míos, no de la AI ni de ningún secretario).

Soy escritora y para eso hay otro espacio. En este lugar no hay creación literaria. 

Lo dejo por si quieres detenerte un rato.

 

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