Decía Agatha Christie:
«La gente inteligente no se ofende. Saca conclusiones».
Tuve que investigar.
Hoy solemos poner en palabras de cualquiera lo que yo le comenté ayer al vecino mientras masticaba un bocata de queso y huevo.
Con las redes sociales se ha elevado amplia y ostentosamente la cantidad de ofendidos.
Ofendidos por todo.
Ya ni la gente que se dedica al humor puede esquivar la multitud de ofendidos en sus perfiles.
No importa en qué red o el motivo. Porque en general, no lo hay.
Debes de conocer el dicho que no es de Agatha:
«Lo que Pedro dice de Juan, habla más de Pedro que de Juan».
Pero aquí viene la peor parte en la historia de la humanidad actual:
Que los dueños de los contenidos eleven su cortisol en sangre y respondan, aclaren, modifiquen contenidos o humillen a quien se ha ofendido previamente.
Creo que si se levantan nuestros ancestros (y no nos vayamos tan lejos a las cavernas), nos pegan un boleo en el OJT o nos agendan un turno para una lobotomía en calidad de urgencia.
Ya en 1928, John Fulton hizo una lobotomía en dos chimpancés con problemas de estrés y demencia, los cuales sobrevivieron a la intervención, dejándolos más calmados y dóciles. – Wikipedia.
Si los chimpancés quedaron «calmados y dóciles», puede que nos sirva entonces.
Ahora.
No creo que haya que llegar a tanto.
Y no hacen falta las redes sociales para vivir de ofensa en ofensa.
Los límites son necesarios. Soy la primera que habla de límites y de no sostener lo que no nos suma o nos hace mejores personas (relaciones personales, amorosas, familiares, trabajos, vínculos en general).
Otra cosa es que esto sea en y desde la ofensa.
Todo me ofende.
Todo me molesta.
Todo lo digo «porque yo lo valgo».
Doble trabajo: des-ofenderte luego.
O vivir en estado de amargura ciega que se disfraza para no salir.
Hasta la próxima palabra.
Otra foto.
Otra publicación.
Otro email.
Otra relación.
Quien se siente ofendido tiene doble curro. Pero eso no es lo más significativo.
Lo que importa es que no se da cuenta cuánto sufre, cuánto cortisol genera su cuerpo, cuánto tiene que ver con él o con ella y que no sepa qué es lo que tanto arde adentro en sus creencias como para llegar a ofenderse y vomitarlo con furia o poco respeto.
Porque lo que Pedro dice de Juan…
No seamos como Pedro.
Ni tampoco hace falta que nuestros ancestros se avergüencen de la era en que vivimos.
Podemos sobrevivir en cualquier situación, el ser humano es increíble.
Solo falta más calma, más gratitud, más liberación de creencias y dejar en paz a los Juanes.
Que tengas un día llenito de lo que elijas.


