La innombrable y lo cotidiano

La innombrable-despierta-escribiendo

 

La muerte es tan cotidiana que la pasamos por alto.

Como tantas cosas a las que poca atención prestamos por andar apurados o llenos de certezas menos importantes.


 

Con mi padre podía hablar de estos temas; leíamos los mismos libros y a través de él pude entablar una relación, como mínimo, un poco más cordial con la finitud de la vida.

Siempre nos recordaba que el cuerpo se esfuma. A mí no me mintieron jamás, pero yo resolvía mis movidas con el tema escribiendo. No me causa gracia, como a nadie. Supongo.

 

A través de la meditación se logra un estado de bienestar y calma mental que, cuando es profunda, queda un hilo de aire al cual aferrarte. Por momentos, el cuerpo succiona de golpe como si saliera de una piscina luego de mucho tiempo bajo el agua. Esa sensación al principio asusta, luego se disfruta porque significa que los órganos se han relajado por completo.

 

Escribir libremente —sin juicios, sin reglas, sin indicaciones ni renglones ni estructuras— es meditar.

Meditar es encontrar un mínimo espacio de calma, gratitud y sosiego.

Y esto me lleva a darle vuelta a temas que son centrales en la vida y que están unidos, encadenados en eslabones que se manifiestan cuando les damos lugar.

Espacios.

 

De los libros que compartía con mi papá, creo que él sacó su garra original y única para enfrentar su propia muerte. Fue un aprendizaje emocional enorme, y yo tomé todo lo que había leído y amasado en mi escritura para acompañar a la distancia (vivía en Grecia en plena pandemia, imposible viajar a mi país).

Hilando lo anterior, hace poco me visitó un amigo a Portugal, donde vivo actualmente. Me recomendó un libro del mismo hilo temático y me devoré en poco tiempo, pero con una profundidad de lectura que me llevó al éxtasis.

Recordé mucho a mi viejo, y como la innombrable no le es ajena a nadie (mucho menos después de una gran pandemia), dejo aquí algunas líneas de su autor, Frank Ostaseski.

Son retazos, me tomo el atrevimiento de recortar párrafos de un mismo capítulo.

 

«Podemos tomar conciencia de la verdad fundamental de que todo viene y se va: cada pensamiento, cada encuentro amoroso, cada vida. Vemos que la muerte está presente en la vida de todo. Resistirse a esta verdad produce dolor.

Demasiada gente muere con angustia, culpa y temor. Nosotros podemos hacer algo para impedirlo. Una vida iluminada por la certeza de la muerte anima tus decisiones. La mayoría de nosotros esperamos morir en casa, rodeados de nuestros seres queridos y reconfortados por lo que conocemos, pero es muy raro que esto suceda.

Aunque siete de cada diez personas aseguran que preferirían fallecer en casa, un setenta por ciento de ellos mueren en un hospital, hogar de reposo o centro de salud.

Lo valioso de esto no es por cuánto tiempo esos individuos disfrutaron de tal experiencia, sino la posibilidad de que esta transformación exista.

La exploración de ese potencial es en lo que nos sumergiremos juntos a lo largo de estas páginas: la innata capacidad de amor, confianza, perdón y paz que vive dentro de cada uno de nosotros.

Nuestro concepto de nosotros mismos, nuestro modo usual de experimentar la vida, es adquirido. El condicionamiento que tiene lugar mientras crecemos y nos desarrollamos puede esconder nuestra bondad innata.

El ser posee ciertos atributos o cualidades esenciales que están latentes en cada uno de nosotros. Esas cualidades nos ayudan a madurar, a ser más eficaces y productivos; consuman nuestra humanidad y aportan riqueza, belleza y capacidad a nuestra vida.

Tales cualidades puras incluyen el amor, la compasión, la fortaleza, la paz, la claridad, la satisfacción, la humildad y la ecuanimidad, por citar unas cuantas.

A través de prácticas como la contemplación y la meditación podemos serenar nuestra mente, corazón y cuerpo y, por tanto, volver más aguda y fina nuestra facultad para percibir las experiencias. En la quietud podemos advertir la presencia de esas cualidades innatas.

Son algo más que estados emocionales, aunque es probable que al principio las sintamos como emociones. Quizá sea más útil concebirlas como nuestro sistema interior de orientación, el cual puede procurarnos una mayor sensación de bienestar.

No es necesario que seamos especiales para acceder a nuestras cualidades innatas y utilizarlas en beneficio de una mayor libertad y transformación.

Hay formas de despertar la presencia, una intimidad con nosotros mismos y con todo lo vivo».

 


Ostaseski deja eslabones unidos (la vida, la muerte, la meditación y las emociones humanas) para dar luego sus 5 invitaciones que va desarrollando en cada capítulo.

 

Las 5 invitaciones:

  1. No esperes.
  2. Acepta todo, no rechaces nada.
  3. Pon todo tu ser en la experiencia.
  4. Busca un lugar de reposo en medio de la agitación.
  5. Cultiva una mentalidad de no saber.

Son cinco principios interrelacionados que están impregnados de amor.

Al autor le han servido como una guía para lidiar con la muerte (en cuidados paliativos del Zen Hospice Project en San Francisco), pero resulta que son igualmente relevantes para llevar una vida íntegra.

Pueden aplicarse con la misma efectividad a personas que enfrentan todo tipo de crisis y transiciones, desde un cambio de ciudad, la formación o ruptura de una relación íntima o hasta acostumbrarse a vivir sin los hijos en casa.

Dice el autor:

«Poseen poco valor como teorías. Para ser debidamente comprendidas tienen que vivirse y consumarse a través de la acción. Una invitación es una solicitud a asistir a un acto particular o a participar en él. El acto es tu vida, y este libro es una invitación a que estés plenamente presente en cada uno de los aspectos de tu existencia».

 

A mí me sirvió otra vez para lidiar con lo nuevo, como cada vez que me enfrento a los desafíos que supone mudarme de países, cambiar de gente, desapegarme de gente del pasado, darle espacio a los nuevos, acomodarme y readaptarme a los cambios que traen incertidumbre y vaivenes imposibles de predecir.

En mi caso, no agradezco que mi padre haya fallecido, sino que nunca me permití no aceptar que no fuera a suceder. Como hago ahora con mi madre, familiares y amigos. No, no me causa gracia ni salto en dos patas como mono en circo. Pero nadie me contó que iba a ser, es o será diferente. Ni siquiera con mi propio cuerpo.

Al escribir sobre ello tomé consciencia.

Desaprendí cualquier creencia anterior para poder volver a creer. 

 

Ojalá fuera fácil. Ojalá la aceptación nos viniera de fábrica. Ojalá lo hubiera aprendido antes. Ojalá yo fuera más joven para haber recibido antes las invitaciones a vivir en cada presente.

Y ojalá estés leyendo y te sirva, como mínimo, para anotarlas, como las tengo yo en un papel en mi escritorio, y que cada vez que tu mundo te esté golpeando la cara o el culo, puedas usar las 5.

Unas más, otras menos, pero alguna de ellas, seguro te servirá.

 

Que tengas un día repleto de aprendizajes.


 

 

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Me dicen Poli

Esa es mi yo original.

Escribiendo y empapada en el río que me vio nacer. 

Escribo hace más de 3 décadas para encontrarme cuando me pierdo y para perderme más seguido sin miedo.

No para agradar ni para recibir aplausos.

Hace 5 años acompaño a otros a vomitar el alma, lo mismo que hago yo a diario, como en esa foto, donde sea que me encuentre.

 

👈 A la izquierda de esta pantalla verás artículos y reflexiones. (Míos, no de la AI ni de ningún secretario).

Soy escritora y para eso hay otro espacio. En este lugar no hay creación literaria. 

Lo dejo por si quieres detenerte un rato.

 

Verás que menciono la escritura como método de autoconocimiento y reflexión en la mayoría de mis escritos.

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